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Villena, un punto fuerte de la Ruta del Vino de Alicante.

La cultura vitivinícola tiene un gran arraigo en esta zona, pues el cultivo de la vid viene de tiempos remotos. Villena forma parte de la Ruta del Vino de Alicante.

Cultura del Vino | 2017-10-26 09:31:51


Como sucede en otras zonas, fueron los iberos los que comenzaron a cultivar la vid en estas tierras para consumo familiar, llegando esta tradición  posteriormente a los romanos.

A mitad de camino entre la meseta y el Mediterráneo se encuentra Villena, una tierra en la que los climas tan diferentes y los suelos con composiciones particulares, suponen una combinación perfecta para la elaboración de los vinos. Este contexto otorga a la uva un carácter fuerte y resistente.

A finales del siglo XIX existían importantes bodegas en Villena que producían vino para ser exportado desde el puerto de Alicante, aunque esta etapa de auge se vio truncada por una fuerte plaga de filoxera, junto a la crisis económica nacional del primer tercio del s. XX. Todo ello produjo la desaparición de muchas de las bodegas existentes, lo que también implicó una reducción de la superficie de cultivo.

Las corrientes de aire mantienen una cierta humedad que confire a la uva, en esas condiciones, una frescura especial. La altitud ronda desde los 400 metros del centro a los casi 1.000 metros en algunos puntos. Además, el suelo de Villena combina compuestos muy calcáreos.

Las sierras de la Atalaya o la de Salinas y la de Cabezos repartidos por su término municipal, reflejan esta característica. Junto con algunas zonas muy albarizas, en donde la viña crece sobre fias arenas, hacen de estos terrenos un valor muy positivo para el viñedo.

En la actualidad, Villena cuenta con un grupo de modernas bodegas que producen unos excelentes caldos basados en la experimentación de variedades autóctonas de uva, como la Monastrell e incorporando otras como la Cabernet Sauvignón o la Merlot, que han conseguido adaptarse perfectamente a la privilegiada situación de Villena, una zona climáticamente influenciada por la meseta y el mediterráneo, lo que le reporta unas condiciones inmejorables para el cultivo de la vid y la elaboración de vinos. Los blancos se caracterizan por un color amarillo pajizo y resultan frescos y afrutados, al igual que los rosados. Los tintos son cálidos, carnosos y con buena estructura, y están acompañados de ricos aromas balsámicos.

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