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¿Tiene el mercado del vino español posibilidad de exportación en Rusia?.

El vino español no tiene un mal posicionamiento en Rusia: es conocido entre los importadores y asociado a un producto de buena relación precio-calidad

Exportación de Vino | 2017-08-31 17:35:02


Rusia es uno de los países con mayores índices de consumo de alcohol per capita del mundo. La bebida espirituosa más ampliamente consumida es el vodka, aunque la popularidad de otras espirituosas como el whisky, ron o el brandy es elevada.

En lo que se refiere al vino, su consumo se sitúa en torno a los 5-7 litros per capita al año y se mantiene más o menos estable con tendencia al alza desde hace varios años. El volumen del mercado del vino en valor, según estimaciones no oficiales es de 8.000 millones de dólares.

La producción rusa de vino no es capaz de satisfacer la demanda existente debido a la insuficiencia de oferta así como a la poca calidad de los vinos rusos, por lo que la mayor parte del vino consumido en Rusia es importado (aproximadamente un 55-60% de la oferta total.

La distribución del vino en Rusia se caracteriza por una cadena relativamente corta en la que las funciones de importación y distribución se solapan. En algunos casos, los importadores cuentan hasta con sus propias tiendas, es decir controlan toda la cadena desde la importación hasta la venta al detalle. La enorme dimensión del país ha determinado la aparición de dos tipos de redes de distribución: una, a nivel nacional formada por grandes importadores y distribuidores de Moscú y San Petersburgo que comercializan el producto en las principales ciudades del país y otra, a nivel regional, formada por distribuidores más pequeños pero bien asentados en regiones y que capitalizaran las redes de los grandes importadores en las regiones rusas.

Al igual que sucede con la mayoría de bienes importados, la introducción de vinos de origen extranjero en Rusia está sujeta a una serie de trámites aduaneros y a la presentación de varios certificados que constituyen auténticas barreras técnico-comerciales. Estas barreras no tienen por qué afectar al exportador español siempre que éste sea escrupuloso y cuidadoso en la documentación de los envíos porque cualquier error o inexactitud puede suponer un problema para el des aduanamiento de la mercancía. Estas barreras y pagos arancelarios y de certificación influyen mucho en el precio del producto.

El vino español no tiene un mal posicionamiento en Rusia: es conocido entre los importadores y asociado a un producto de buena relación precio-calidad. No obstante, el consumo de vino español con D.O. es aún reducido debido a que en muchos casos la calidad estimada, aunque sea alta, no se corresponde con los elevados precios de venta en tiendas y restaurantes. Por ello, es posible conjeturar que el aumento futuro de la demanda de vinos de nuestro país en la Federación Rusa dependerá de que el precio se adecue a la calidad estimada, lo cual debe conseguirse invirtiendo en su imagen de calidad y potenciando la marca del vino español. Como factor positivo es preciso destacar que el interés del mercado hacia los vinos de calidad está aumentando (hay casi unanimidad entre los importadores a este respecto), igual que el conocimiento de variedades y vinos que hasta hace poco eran desconocidas como el verdejo o el albariño.

El segmento de vinos de mesa en Rusia seguirá presentando interesantes oportunidades para las empresas de nuestro país porque los españoles, gracias a su calidad notable y a unos precios muy ajustados, son los únicos de Europa occidental que hoy en día pueden competir en precio pero con mejor calidad que los vinos búlgaros, rumanos o moldavos.

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