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Manchuela y sus vinos, detrás del falto diminutivo

Detrás de esa carretera llana y aparentemente monótona que atraviesa La Mancha se esconden muchas sorpresas. Así se describe la D.O Manchuela que dejó catar sus vinos en Madrid el pasado 12 de junio.

Cultura del Vino | 2017-06-27 12:12:45


Unas cuantas hileras de pinos y un suelo entre calizo y arcilloso pero molido como arena, reluciente, agreste, son la primera imagen de una región vinícola inmensa, entre Albacete y casi Teruel, entre Cuenca y Valencia, atravesada por la belleza plácida del río Júcar y los acantilados del Cabriel.

Una extensión inmensa, de más de 70.000 hectáreas, pero de las que menos del 10 % están adscritas a la Denominación de Origen nacida muy recientemente, en el año 2000.

Eso sí, las 34 bodegas que conforman la Denominación de Origen Manchuela, desde ejemplares cooperativas hasta cuidadísimos caprichos personales, son la muestra más excelsa de las variedades tradicionales Moravia, Garnacha Tintorera, Albilla… y sobre todas, la excepcional Bobal, que medra aquí a sus anchas, con una inmejorable calidad, cultivada entre 600 y 1.100 metros de altura, en un secano inclemente -es decir, las condiciones ideales para uvas de vino-  en el que perviven milagrosamente cepas centenarias.

Con esa materia prima y con el trabajo y la fe de bodegueros inquietos, la D.O. Manchuela crece y sus vinos sorprenden por su originalidad y calidad en los más importantes certámenes internacionales. Grandes premios y puntuaciones, grandes vinos, un gran territorio con un largo pasado y un futuro enorme. Definitivamente, Manchuela es un falso diminutivo.

 

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