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La geografía argentina y el despegue de la viticultura de calidad.

Las regiones vitivinícolas de Argentina son muy variadas, en este país la viticultura ha despegado a partir de los años 90. El clima y la geografía argentina han influido enormemente en el carácter de estos vinos que hoy conquistan el mundo.

Cultura del Vino | 2017-07-12 14:48:24


Las principales regiones vinícolas de Argentina se encuentran en la parte occidental del país, al pie de la Cordillera de Los Andes entre el Trópico de Capricornio hacia el norte, hasta el paralelo 42° al sur.

Están preferentemente ubicadas en valles amplios o llanuras inclinadas. La cercanía del macizo andino hace que el cultivo de la vid se practique sobre planicies con pendientes del 0,2 a 2%, y en altitudes que van desde los 300 hasta casi 3.000 metros sobre el nivel del mar. Los suelos en todo el país son en general de origen aluvional, algunas zonas con sustratos de arcilla, grava y piedra caliza. La mayoría de las regiones tiene un clima de desierto semiárido, con precipitaciones anuales que raramente sobrepasan los 250 mm al año.

En las regiones más cálidas, como las provincias de Catamarca, La Rioja, San Juan y parte del Este de Mendoza, las temperaturas de verano durante la temporada de crecimiento puede ser elevadas durante el día con temperaturas al estar por encima de los 40 °C y las temperaturas nocturnas pueden bajar hasta los 10 °C. Algunas regiones tienen climas más templados, como el de Cafayate en Salta, Neuquén, Río Negro y el extremo oeste de Mendoza, que incluye las regiones de Luján de Cuyo y el Valle de Uco.

En la década del 90, la vitivinicultura argentina experimenta una verdadera transformación, basada en el cambio de un modelo de producción de volumen a un modelo basado en calidad Viñedos en la región de Mendoza.

En invierno las temperaturas pueden descender por debajo de 0°C, pero no producen daño en las plantas, ya que se encuentran en el periodo de reposo invernal. Si se registran temperaturas inferiores a 0°C durante el periodo de crecimiento, sí pueden generar daños en los viñedos.

Las heladas tardías son más frecuentes que las heladas tempranas y han generado daños importantes algunos años en ciertas zonas. La mayor parte de la temporada de cultivo el clima es seco, por lo tanto, las enfermedades que afectan a la vid son poco frecuentes. Los tratamientos para combatirlas no son muy intensos ni frecuentes, siendo ésta una condición favorable para la viticultura ecológica.

Las regiones vitivinícolas que están más al oeste y más cercanas a los Andes, son particularmente propensas a los efectos de la fuerza de los vientos conocidos como Zonda, que soplan desde la cordillera durante la primavera y el verano. Este fuerte viento seco y caliente puede interrumpir el proceso de floración y reducir el rendimiento. Las escasas lluvias que normalmente se registran, se presentan durante los meses de verano y con frecuencia caen como granizo, lo que plantea la posibilidad de daños a las vides.

La aparición periódica del fenómeno de “El Niño” puede tener una influencia fuerte algunos años y provocar periodos más o menos prolongados con lluvias y alta humedad relativa, situación típica de generación de las enfermedades provocadas por los hongos.

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