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El terroir especial del vino de los arribes del Duero.

El peculiar espacio de desfiladero y bancales donde se cultiva el viñedo de los Arribes del Duero, define los rasgos característicos de este vino.

Cultura del Vino | 2017-05-26 10:13:55


El relieve, dominado por el cañón formado en el valle del rio Duero determina grandes diferencias térmicas. De manera que en la penillanura el régimen térmico es semejante al del resto de la cuenca, con inviernos fríos y largos; veranos cortos y calurosos; mientras en los valles de los ríos, el arribe, se alcanzan temperaturas considerablemente elevadas, que superan en unos 5 ºC, a las de la penillanura; los inviernos resultan más cortos, y por el contrario los veranos se prolongan más. En los encajados cañones no se conocen las heladas y la temperatura media de enero es de unos 9 ºC; siendo la de agosto de unos 26 ºC, teniendo, en ambos casos, una insolación elevada, en torno a las 2.680 horas de sol al año.

La comarca o espacio de Arribes del Duero, se caracteriza en términos generales, por sus grandes desniveles y abundantes laderas, pero sin constituir una zona montañosa propiamente dicha. Desde un punto de vista geológico forma parte del zócalo paleozoico, pero constituido en este caso por rocas ígneas (graníticas) como materiales mayoritarios, aunque también existen rocas sedimentarias metarmofizadas, principalmente pizarras. Los suelos son de textura limo-arenosa, a veces con intervalos franco-limosos, con abundante pedregosidad, sobre los que se encuentran plantadas las viñas, en general de poco fondo, unos 30 centímetros de media, sobrepasado en algo esta medida cuando se asientan sobre pizarras.

 Estos componentes geográficos, tanto de clima suelo y orografía han conferido a los vinos un espacio único, donde la vid alcanza un óptimo de maduración, que junto a las varietales de uva específicas confieren al vino unas características organolépticas diferenciadas.

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