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Los climats del viñedo de Borgoña se inscribieron como patrimonio de la Unesco el 4 de julio de 2015. Este registro constituye un reconocimiento único de la cuesta vitícola que se extiende entre Dijon y Beaune y hasta Santenay.

Para poder entender el concepto, hay que tener en cuenta que el vino está muy ligado a su terroir, al clima, tierra, cultura de la región. En Francia, en la Borgoña se utiliza «Climat» para referirse a la parcela vitícola. Delimitado minuciosamente desde hace siglos (y prácticamente inalterado desde entonces), cada climat es una parcela de viña con su nombre, su historia, su gusto y su lugar en la jerarquía de los crus. Quizás lo que más nos recuerde a los vigos de pago españoles, muy vinculados a su terroir concreto que eleva el vino a la más alta calidad.

Los climats hacen que se diversifique enormemente la gran variedad de parcelas vitivinícolas de alta calidad la mayoría de los orígenes de estas parcelas son espontáneas y antiguas, estamos hablando de una parcelación y una tradicción que viene desde la Edad Media incluso más antiguos.

Por lo tanto es una gran acumulación de sabiduría vitivinícola a través de los tiempos y una gran adaptación de las variedades al clima y los suelos. Es por ello que estos climats o pagos se han ganado la admiración del mundo, además de por la riqueza de sus vinos, también por su riqueza cultural y patrimonial. El vino y sus paisajes están considerados como patrominio inmaterial.

En el caso de los climats de Borgoña se han considerado dentro del patrimonio de la Unesco. Su inscripción en la lista del patrimonio mundial permite su transmisión intacta a las generaciones futuras, así como un reconocimiento internacional de su carácter único. Constituyen una excepción y un modelo de la viticultura de terroir, fuente de inspiración para otros viñedos del mundo. Forman una ubicación cultural única forjada por 2000 años de historia.

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