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Bodegas Osborne - El Puerto de Santa María

BODEGAS OSBORNE en El Puerto de Santa María. Visitando su Bodega de Mora donde se atesora la mayor colección de VORS, la máxima calificación de los vinos de Jerez. Unos vinos con más de 30 años de envejecimiento.

De bodegas con la bruja Viri | 2017-11-14 09:41:03


 

 



BODEGAS OSBORNE

EL PUERTO DE SANTA MARÍA (CÁDIZ)

 

Bodegas Osborne es una de las bodegas más carismáticas y representativas de los vinos de Jerez y concretamente la Bodega de Mora es la joya de la corona de esta bodega. Aquí se encuentra la mayor colección de VORS (Very Old Rare Sherry), vinos con un mínimo de 30 años de envejecimiento medio.

VORS es la máxima calificación en un vino de Jerez.

Soleras antiquísimas de 26 tipos diferentes que algunas datan de 1800.

 

 

 

Bodega de Mora es un reducto de historia andaluza. Esta bodega la componen distintos edificios con siglos de antigüedad que anteriormente fueron bodegas.

Todo comenzó cuando su fundador Thomas Osborne Mann, un comerciante inglés que llegó a Cádiz a finales del siglo XVIII, se enamoró de una andaluza y decidió establecerse en la ciudad y crear una agencia exportadora de vino de Jerez: Bodegas Osborne. Actualmente es la sexta generación la que sigue sus pasos.

 

 

 

 

Con Iván Llanza, Director de RRPP del Grupo Osborne, empiezo el recorrido de esta maravilla.

Entramos por el Patio de las Jacarandas, seguimos por el Patio del Magnolio y entre patios, jardines, jacarandas, magnolios y naranjos llegamos al lugar donde envejecen estos tesoros enológicos.

 

 

 

 

Dentro de la bodega nos encontramos más de 700 botas que guardan los vinos con una larga historia de envejecimiento.

En esta zona los viñedos tienen unas características únicas debido a su climatología. Más de 300 días al año de sol y un terreno con una gran capacidad de absorción para retener la poca lluvia que recibe aportan unas propiedades singulares a las plantas.

 

 

 

 

Todo comienza con una vendimia manual de la uva Palomino Fino y Pedro Ximenez. Después de una fermentación en depósitos de acero, hormigón o madera, dependiendo del tipo de vino a elaborar y tras seis meses, se trasladarán a las botas donde descansarán un año aproximadamente. A partir de entonces comienza el envejecimiento con el velo de flor o crianza oxidativa.

 

 

 

En la bodega todo rezuma naturalidad y frescura. La aireación de la bodega es natural, unos grandes ventanales se encargan de ello. El suelo de arena de albero que riegan regularmente aporta la humedad necesaria al ambiente.

 

 

Con Iván empezamos a catar estas joyas enológicas como a mí me fascina, directamente desde las botas con su correspondiente venencia. Entre ellos un vino de 1911 que me dejó sin palabras ... una explosión de aromas inundó la copa, destacaban las maderas nobles, el cuero y un toque salino.

 

 

Recorrer esta bodega entre botas antiquísimas que esconden una larga historia mientras disfrutas de estos vinos viejos me evoca una explosión de aromas, matices y sensaciones.... todo un placer para los sentidos !!!!

 

 

 

Paseando por este laberinto de botas ancestrales llegamos a su nuevo espacio expositivo donde realizan un gran homenaje al emblema de la bodega: El Toro de Osborne.

El primer boceto del Toro se realizó en 1956 y se colocó en 1957. El Toro ha ido creciendo en su estructura con los años y actualmente mide 14 metros de alto por 14 de ancho y pesa 5 toneladas.

Toda esta estructura la sustenta por debajo 50 toneladas de hormigón.

En la fotografía se puede apreciar a tamaño real parte de la cabeza.

 

 

 

 

Aquí se encuentran distintas exposiciones de los mejores fotógrafos del mundo que han querido homenajear al Toro de Osborne. Las diferentes obras creadas por reputados artistas de todos los ámbitos culturales se encuentran expuestas.

Un Toro creado con cristales de Swaroski, viñetas humorísticas de los mejores dibujantes... un homenaje a la figura que lleva años adornando los montes de toda España y que representa a la bodega.

 

 

 

Terminado el recorrido nos dirigimos a la sala donde pudimos catar sus olorosos y amontillados de Palomino Fino y Pedro Ximenez.

 

 

Solo me queda agradecer a Iván la oportunidad que me ofreció de dejar un pequeñísimo recuerdo de mi gratificante visita a la bodega, que quedará siempre grabado en mi memoria...

Un placer haber conocido esta pequeña catedral del vino disfrutando de estos vinos viejos, grandes joyas enológicas.

 

 

 

 

 

 

 

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