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Bodega Las Moradas de San Martín

Las Moradas de San Martín se encuentra entre cepas centenarias de Garnacha y Albillo Real. Llevan a cabo un proyecto romántico donde, en un guiño a la naturaleza, mantienen la filosofía del entorno extrayendo lo mejor del terreno y plasmándolo tal cual en sus vinos.

De bodegas con la bruja Viri | 2018-09-19 00:00:00


 

BODEGA LAS MORADAS DE SAN MARTÍN

SAN MARTÍN DE VALDEIGLESIAS (MADRID)

 

 

 

Las Moradas de San Martín se encuentra en uno de los pueblos madrileños con mayor tradición vitivinícola de España: San Martín de Valdeiglesias. En esta localidad, según antiguos escritos, en el siglo XII los viñedos era el cultivo mayoritario.

La bodega está a 900 metros de altitud y para acceder a ella hay que subir por una escarpada carretera entre grandes pinares. Un paraje en el que estás deseando encontrar un pequeño espacio para detener el coche y admirar el paisaje.

 

 

 

 

En la cumbre un camino de tierra nos lleva al Pago de Castillejos, el lugar exacto donde se encuentra la bodega. Una edificación sencilla y funcional que se mimetiza con su entorno natural sin agredir ni restar un ápice el magnetismo que alberga la zona.

Fue construida en un terreno elegido después de probar durante años distintas zonas buscando el equilibrio perfecto de sus suelos.

 

 

 

 

Con Isabel Galindo, enóloga y alma de esta bodega, y Alejandro Carreras, mano derecha de Isabel, empezamos a recorrer algunos viñedos de las 21 hectáreas que comprende la finca entre cepas de las principales variedades autóctonas de la zona: Garnacha y Albillo Real.

Nuestro paseo comienza disfrutando del entorno que nos rodea en la unión de la Sierra de Guadarrama y la Sierra de Gredos entre cepas muy viejas de Garnacha, la variedad mayoritaria de la bodega, rodeadas de gran cantidad de monte bajo, jara, cantueso y una gran diversidad de plantas aromáticas.

 

 

 

 

En un terreno totalmente arenoso me voy encontrando cepas de plantación en vaso con gruesos troncos debido a las 80 años de edad media. Parece que estemos en una playa en la que dan ganas de ir descalzo, porque más del 93% es arena fina.

Alejandro me muestra los pequeños racimos con poco grano y muy sueltos que generan estas cepas debido a su edad, el tipo de terreno y el microclima que conforman las dos sierras que los rodean.

Este microclima crea un equilibrio en el viñedo de forma natural donde una plaga neutraliza a otra plaga. Por respeto y reconocimiento a su entorno, sus vinos se elaboran de forma ecológica y biodinámica.

 

 

 

 

Llegamos a un viñedo de 1908 donde Isabel me explica su cuidado. Isabel, una enamorada de la naturaleza y el campo, después de recorrer y recuperar durante años viñedos de la zona de Gredos y alrededores, se enamoró de este lugar e inició en el 2002 este proyecto romántico para mantener la filosofía del terreno, extraer lo que la tierra proporciona y plasmarlo en sus vinos.

Cada parcela se comporta de forma diferente y conoce cada una de ellas al dedillo. Sabe los nutrientes que necesita cada viña y se lo aporta de forma natural mediante compós de ortigas, cola de caballo, leche diluida, ajo …. utilizando las fases de la luna para su cuidado.

 

 

 

 

 

 

En este paraje espectacular con la presencia de viñas, pinares, encinas, enebros, jaras, cantuesos y hierbas aromáticas realizan su “Cata bajo las Estrellas”.

Un evento que se realiza tras la puesta de sol, en el silencio de la noche y sin ninguna contaminación lumínica que nos invita a observar las estrellas con dos grandes telescopios descubriendo constelaciones y catando sus vinos .... toda una experiencia !!!

 

 

 

 

 

 

Su otra variedad estrella es el Albillo Real. Una variedad blanca que está practicamente extinguida quedando pequeños viñedos en la zona centro de la península. Con esta variedad realizan dos vendimias manuales para alcanzar en todos sus racimos la perfecta madurez. Primeramente vendimian los racimos que se encuentran en la parte alta de la cepa por estar más maduros y días más tarde realizan otra batida para los racimos inferiores. Toda una proeza para crear su vino Las Moradas Albillo Real.

Seis meses de crianza con sus lías en barrica de roble francés de 300 y 500 litros y batonages en luna llena, crean un vino muy expresivo donde las hierbas aromáticas y la fruta madura protagonizan los aromas.

 

 

 

 

 

 

Nos desplazamos a la bodega donde entre barricas de roble francés de 500 y 225 litros me explican su elaboración. Todo comienza con una vendimia nocturna manual y después de pasar por la mesa de selección se despalilla, pasando a fermentar con sus propias levaduras en los depósitos de acero inoxidable.

Sus vinos nunca son filtrados ni clarificados para no restar ni un ápice de las características de la uva. Una uva que produce un tanino muy personal, con una gran cantidad de levaduras debido a su pequeño tamaño que proporciona gran cantidad de hollejo y poca pulpa. Esto convierte a sus vinos en eternos, como comenta Isabel, ya que su envejecimiento es muy lento.

 

 

 

 

 

 

Empezamos la cata de sus vinos Las Moradas. Unos vinos creados con arte y que están fusionados con otro arte: la literatura. Esta fusión se aprecia tanto en el nombre de la bodega como en las etiquetas de sus vinos. Las Moradas, es un guiño al libro “Las Moradas de Santa Teresa”, el último libro que escribió Santa Teresa, una de las escritoras más representativas de la zona.

Los nombres de sus vinos se corresponden con títulos de pequeños relatos creados para sus vinos por prestigiosos escritores y en su etiqueta se recoge un pequeño fragmento del mismo.

 

 

 

 

 

Vinos con una personalidad muy definida que aportan gran variedad de hierbas aromáticas que rodean sus viñas. Aromas herbáceos campestres de manzanilla, cantueso, tomillo, romero … plasman una fotocopia exacta del terruño donde se han creado.

 

 

 

 

 

 

Estos aromas herbáceos y monte bajo con toques minerales son los protagonistas de unos vinos que tuve el placer de catar acompañados con un pan de vino elaborado con su vino Senda … espectacular !!!

Las Moradas Senda 2014 . Un vino de garnacha con muy buena acidez, notas de fruta roja, toques especiados y sus características hierbas de monte bajo.

Las Moradas La Sabina. El vino hermano de La Senda creado con uvas sin sulfitos. Aromas frutales de fruta roja más madura, toques de regaliz y sus inconfundibles notas de plantas silvestres.

Las Moradas Las Luces 2008. Elaborado con cepas de viñedos centenarios, creado solo en añadas excelentes y envejecido en barrica nueva con sus lías. Un vino muy elegante, amplio en aromas donde predominan las confituras de fruta roja, regalices y balsámicos con sus notas de monte bajo.

 

 

 

 

 

 

Solo me queda felicitar a Isabel y Alejandro por el proyecto con alma que han emprendido buscando realzar la autenticidad del entorno y del terreno.

Ha sido un placer disfrutar de la estupenda visita que me habéis ofrecido y animo a todo el mundo a descubrir estos vinos tan personales de Madrid.

 

 

 

 

 

 

 





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